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jueves, 9 de julio de 2009

Agradecimiento y Gratitud


Aún en la situación más calamitosa o en la condición más patética nuestros corazones deben dar gracias a Dios por todo. No hay una cosa que logre amargarnos más y aumentar nuestro egoísmo e insatisfacción que un desagradecido corazón. En cambio, no existe una manera más eficaz de traer a nuestra vida gozo y paz que tener una actitud de gratitud y alabanza para nuestro Señor. La gratitud es un reconocimiento a Dios por haber recibido su favor, una manera de darle gracias. Denota un corazón agradecido por la bondad divina, no tan solo por lo que ha recibido, sino también de lo que lo ha librado, porque piensa en él, porque le ayuda, porque también le escucha en el día del conflicto y le liberta, no lo desampara y le salva, lo protege y lo defiende.Proverbios 15:13 ”El corazón alegre hermosea el rostro; Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate” 1 Tesalonicenses 5:18 "Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” Colosenses 3:15 ”Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos” Hebreos 12:28 ”Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia”

Alabanza & Adoración


Alabar y adorar a Dios no es un compromiso, sino una necesidad de nuestro ser espiritual. Él no necesita de nuestra alabanza ni adoración, pero sí busca que le adoremos en Espíritu y verdad, pues ahí estriba nuestra razón de ser. Dios nos creó para alabanza y gloria de su nombre, y Él es digno de toda exaltación. Con la adoración damos reverencia a nuestro Creador y eso lo expresamos en la alabanza, pero también en la oración, en el servicio, en nuestro diezmar, en todo lo que hacemos para Dios. Cuando alabamos estamos rindiendo honor a nuestro Señor, lo cual expresamos a través de cánticos, danza, o declarando su Palabra de manera antífona. La alabanza es algo espontáneo que surge de nuestro corazón al contemplar sus maravillas. Mas, es importante destacar que adoramos cuando alabamos, pero no podemos alabar si no le adoramos.Mateo 4:10"... porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” Hebreos 1:6“Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios” Mateo 14:33 “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”Hebreos 13:15 ”Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” Marcos 12:30 “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Éste es el principal mandamiento"Salmos 29:2 “Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad”Salmos 139:14 ”Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien” Salmos 100 ”Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría; Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones” Salmos 95:6 “Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor”Juan 4:21-23 "Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.(...) Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren"

Adulterio y Fornicación


Adulterio y fornicación son pecados que se cometen con el cuerpo, pero son diferentes entre sí. Mientras el adulterio es cuando una persona casada tiene relación sexual con una persona que no es su cónyuge, el fornicar es cualquier acto sexual aberrante e ilícito. De hecho, tener relación sexual fuera del matrimonio es fornicar, de manera que el que adultera también fornica. Realizar cualquier acto sexual pervertido e inmoral es fornicar, aunque no se cometa adulterio, en el caso que se esté unido a alguien en matrimonio. Incluso, la raíz de la palabra “fornicar” en griego es “porneia” así como sus derivados “porneuo” y “pornos” de la cual proviene la palabra “pornografía”.

El adulterio es resultado de la infidelidad, del quebrantamiento de un pacto o juramento que se haya realizado con otra persona. La Biblia claramente nos enseña que el matrimonio es un pacto sagrado, donde un hombre y una mujer, voluntariamente se comprometen a amarse y a estar juntos para siempre, delante de Dios y de los hombres. Por lo cual, el adulterio socava esa promesa y sus consecuencias son funestas para toda la familia.

En la actualidad la palabra fornicación ya es extraña, pues la unión libre, el rechazo al matrimonio, las fantasías y juegos eróticos, así como el apareamiento de personas del mismo sexo se ha hecho cada vez más popular y aceptado en la sociedad como parte de un estilo de vida que muchos llaman “moderno”. Asimismo, el adulterio ya es algo tan común, que según las estadísticas de cada diez parejas ocho cometen adulterio, sin contar aquellos que no se llevan a la acción, pero que se cometen en el corazón.

Metafóricamente, la fornicación en la Biblia es idolatría, adorar y comer lo que se le sacrifica a ídolos, así como adulterar es adorar a Dios, pero también a otros dioses. Tanto el adulterio como la fornicación son pecados del cuerpo, y espiritualmente sabemos que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, y que por tanto, no debemos corromperlo dando riendas sueltas a la inmundicia y concupiscencias que salen de nuestro corazón.

Finalmente, sabemos que el adulterio fue condenado en el Antiguo Testamento, al punto que se pagaba con la muerte si la persona era sorprendida en el acto mismo. Sin embargo, Jehová perdonó a David cuando confesó y se arrepintió de su pecado de adulterio (2 Samuel 11, Salmos 51). También nuestro Señor Jesús no tan solo no condenó a aquella mujer adúltera, sino que la perdonó, no sin antes advertirle: “no peques más” (Juan 8:11). No obstante, en todo esto sólo hay una verdad y es que somos pecadores y por eso necesitamos un Salvador. Nuestro Señor Jesucristo no vino a juzgar al mundo, sino a salvarlo. Dios sabe quienes somos, espero que también lo sepa nuestra conciencia, no olvidando que su amor cubre multitud de faltas. Por lo cual, ahora, deja que el Espíritu Santo hable a tu corazón.

Gálatas 5:19-21
"Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios"

Mateo 5:28
"Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón"

Proverbios 6:32
"Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace"

1 Corintios 6:13-18
"… el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca"
Marcos 7:21
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios…”

Romanos 13:9
“Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”Mensaje en Audio:

Adulterio: Un Camino Sobre Brasas
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Es Mi Cuerpo, ¿no?
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AMARGURA


La amargura es uno de los pecados más sutiles, pero más dañino en la vida de un ser humano. Su sutileza radica en que sus motivos aparentemente son justificables cuando surgen de agresiones físicas, verbales o emocionales. Es una semilla de cuyo árbol únicamente brotan frutos amargos, y también un nido que gesta extrema maldad y dolor. La amargura no tan solo marca las personas físicamente y en su conducta, ya que endurece el rostro y se destila venero al hablar, sino que lo peor es que contagia a los demás.

En la Biblia la palabra amargura se traduce de muchas maneras: veneno, ajenjo, hiel, ponzoña, etc. Ahora, la que más llamó mi atención es la traducción cuya raíz proviene del verbo pinchar, cortar, ser áspero a tal punto que hiere (pikraino), y como adjetivo (pikros), que significa aguzado, afilado, agresivo. El salmita dijo: “Se llenó de amargura mi alma, Y en mi corazón sentía punzadas” (Salmos 73:21). Metafóricamente se usa de los celos, para ilustrar una condición de extrema maldad; es también calumnia, infamia, aborrecimiento, algo que produce frutos amargos y profundo dolor.

Así como es la amargura son sus consecuencias: nefastas. De hecho, es una cárcel en la que se turban la mente y el espíritu y los embota al punto que no entendemos. Con la amargura contaminamos a otros, pues destilamos veneno al hablar que enferma a los que nos rodean. Igualmente, nos ciega de manera que transferimos la culpa, e incluso llegamos al extremo de culpar hasta a Dios y a alejarnos de Él, pues no queremos perdonar ni ser sanados. Asimismo, ésta da paso a sentimientos tan dañinos como el rencor, el resentimiento; y finalmente atrae soledad, úlceras y depresión.

Hay quienes tratan sus propios medios para sanarse de la amargura. Algunos su solución es vengarse, hacer su propia justicia. Otros tratan de disculparse por sentir ese sentimiento y empiezan por negar que sea un pecado y se justifican en que no es su culpa, sino del que la ocasionó. Sin embargo, en Dios sí hay sanidad para la amargura y es: Primero, aceptar que es un pecado contra Dios, porque estamos adorando nuestro “yo”; segundo, perdonar a aquel que nos ofendió y olvidar; y tercero velar porque no se anide este sentimiento de nuevo en nosotros ni en los demás. Venzamos con el bien, el mal.

Proverbios 14:10
“El corazón conoce la amargura de su alma”

Hechos 8:23
”porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás”

Efesios 4:31
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”

Hebreos 12:15
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”

Santiago 3:10-11 “De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?”

Santiago 3:14
”Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad”

Depresión


La depresión se ha convertido en la enfermedad más común del ser humano en el presente siglo. Según el Instituto Nacional de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH), cada año, el 9.5% de la población estadounidense (aproximadamente 18.8 millones de adultos) padece de enfermedades depresivas. La depresión afecta el cerebro, y trasciende al ánimo, la conducta y la forma de pensar. Es algo que va más allá de sentirse triste, pues afecta la autoestima y la forma de apreciar lo que nos rodea. En algunas familias la depresión severa se presenta generación tras generación, y no solo destruye la vida de la persona que la padece, sino también la de su familia.

En la mujer, por causas hormonales, se consideraban casi normales sus estados depresivos, pero ahora no solo es un trastorno menstrual u hormonal femenino, sino que afecta también al hombre, al viejo y en las últimas décadas también a los niños. La depresión en la mujer, se da casi el doble que en el hombre, sin embargo, la tasa de suicidio en el hombre es cuatro veces más alta que en la mujer. Se ha demostrado que el trabajo, el alcohol y las drogas enmascaran la depresión en el hombre más comúnmente que en la mujer. Estados frecuentes de ira e irritabilidad, o cambios repentinos de alegría a llanto, estados constantes de ansiedad, pensamientos de muerte o suicidio, así como intentos de suicidio son solo síntomas de ese estado mortuorio de desesperanza y pesimismo.

Existen ciertos medicamentos y psicoterapias que combaten y parecen eficaces para la depresión, sin embargo, solo alivian, pero no curan. El tiempo ha probado que los avances tecnológicos han ayudado a la ciencia, pero no al ser humano ni a sus miserias. Es notorio y aún más contradictorio que en la era de la comunicación el hombre se sienta más triste y más solo. Tampoco las posesiones materiales han logrado satisfacerle, sino sólo probar el inmenso vacío que el ser humano lleva en su interior y que nada terrenal puede llenar. La quimérica búsqueda de la felicidad, los estereotipos sociales, las injusticias, el mal que se ha multiplicado, la maldad de los padres contra los hijos y de los hijos contra los padres, la falta de integridad, la lascivia, y la corrupción en todos los órdenes, solo deja un deseo en aquel que no conoce a Dios ni a la salvación que hay en su Hijo Jesucristo: la muerte.

Queda claro, entonces, que la depresión no viene de Dios, porque de Él mana la vida. La tristeza del mundo produce muerte, pero hay una tristeza generada por Dios, para enmendar nuestro corazón, para hacernos sobrios, para producir arrepentimiento para salvación. El creyente también padece estados de melancolías, tristeza y dolor, pero la palabra de Dios nos da la solución: “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas” (Santiago 5:13). El Señor oye la oración y lo ha prometido, ya que dijo: “Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré” (Salmos 91:15-16). ¡Hay sanidad en Dios para nuestras heridas, hay bálsamo que cura, ungüento y perfume que alegra nuestro corazón! Consuélate en Dios.


Eclesiastés 7:3
“Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón”

2 Corintios 7:10
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte”

Proverbios 10:22
“La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella”

Hebreos 12:11
“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”

1 Pedro 1:6-9
"... aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas"

Juan 16:20
“De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo”

Apocalipsis 7:17
“… porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”

Aborto


Abortar es privar de la vida en el vientre de su madre a una criatura -en cualquier etapa que esté en su desarrollo- impidiendo así su nacimiento. Hay abortos espontáneos y otro que son deseados o provocados. Este último es el aborto inducido, el cual, abiertamente, es un asesinato, porque en la sangre está la vida (Levítico 17:11). Cada vez que se derrama sangre en la tierra, ella clama a Dios por justicia (Génesis 4:10).


El tiempo ha probado la causa por la cual el aborto inducido ha sido un tema controversial, pues sus implicaciones éticas, morales, sociales e irremediablemente psicológicas, se debaten en las diferentes sociedades, pero todavía nadie ha podido curar las cicatrices atroces que deja en sus perpetradores, este sangriento hecho. Con todo, los defensores de tal crimen aducen que la legalización del mismo aminoraría el índice de muerte de mujeres y niñas adolescentes que acuden a lugares donde las condiciones sanitarias son inadecuadas, por presión social o por ser considerado algo ilegal en sus localidades. Tristemente, éstos proveen la solución para la ejecución del hecho, sin impórtales sus secuelas.



Aborto (del latín abortus o aborsus, de aborior, "contrario a orior", "contrario a nacer") es la interrupción del desarrollo del feto durante el embarazo, antes de que éste haya alcanzado las 20 semanas. Por lo que llámese feto o embrión, sin interrupción, indudablemente cumplido el tiempo será un ser humano, una vida. Ahora deja que ministre a tu corazón la Palabra de Dios:


Jeremías 1:5
"Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones."

Isaías 49:1-5
"Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria. Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré. Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios. Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza)."

Salmo 139:13-16
"Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas."

Alcohol: Su consumo y el Alcoholismo


«Para ser cristiano, ¿tengo que dejar de “beber”?»; «¿Prohíbe Dios el consumo de alcohol?»; «¿dónde dice en la Biblia que “beber” es un pecado?» Estas y otras preguntas se formulan muchos en el momento de entrar a la vida del reino de los cielos. Algunos entran a la iglesia y persisten en sus hábitos, esperando que Dios, supuestamente, un día se los “quite”; otros, tristemente reaccionan como el joven rico, y se alejan del Camino, entristecidos, porque están tan apegados al alcohol que no está dispuestos a pagar el precio de la abstinencia (Mateo 19:22).

Mas, a decir verdad, Dios no tiene ningún problema con el alcohol, el problema grave somos nosotros. La Biblia nos habla de mosto (vino nuevo) como una bendición divina (Génesis 27:28; Amós 9:13-15); algo que alegra a Dios y a los hombres (Jueces 9:13), así como el vino era una de las ofrendas más apreciadas de Jehová en el Antiguo Testamento (Números 18:12). Igualmente, uno de las celebraciones de la iglesia que recuerdan la segunda venida del Hijo de Dios, es la Santa Cena, y en ella el vino representa la sangre derramada por Cristo (Mateo 26:27-29). Sin embargo, ahora el mosto se secó y el vino se fermentó, por eso embota (Salmo 107:27), ensoberbece y aturde (Isaías 28:1,3), y ya no alegra ni anima, sino que amarga y destruye al hombre.

Los seres humanos, por nuestra naturaleza carnal, pecadora y corrompida, hemos convertido algo que representaba gozo, alegría y prosperidad ante los ojos de Dios y que nos fue dado para nuestro deleite y satisfacción, en una de las tragedias actuales que más daño está ocasionando a la familia y a la sociedad, sin importar país, sexo ni edad. El alcoholismo ya no es simple hábito social malo, sino una enfermedad, compulsiva y progresiva que solo Dios puede curar. El hombre busca en el alcohol un alivio a su angustia, la liberación de deseos reprimidos y hasta le atribuye propiedades afrodisíacas (estimulante sexual), pero la realidad es totalmente contraria y trágica. En la actualidad, estudiosos han dicho que el alcohol es responsable del 40 al 50% de los accidentes de tránsito, del 15 al 20% de los accidentes laborales, y del 50% de los homicidios. Ahora, juzga tú. La Biblia dice:

Oseas 4:11
“Fornicación, vino y mosto quitan el juicio”

Proverbios 21:17
“Hombre necesitado será el que ama el deleite, Y el que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá”

Efesios 5:18-20
“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”

Romanos 13:13
“Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia…”

1 Corintios 5:11
“Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”

1 Corintios 6:9-10
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”

Gálatas 5:19
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, (...) idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”

Mateo 26:29
“Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”

Confesar a Cristo como Salvador Personal


Confesar a Cristo no es simplemente declarar un nombre, sino creer en Él. Podemos decir que es una acción que brota de un corazón arrepentido, que expresa con sus labios, abiertamente y con libertad, la convicción de que Jesucristo es el Señor y salvador de su vida. Confesar a Cristo, por tanto, es un acto de fe, ya que hay quienes se avergüenzan de hacerlo, porque aman más la opinión de los hombres que la gloria de Dios, ignorando que de esa confesión dependen sus vidas.

Nombrar al Señor Jesús no es sencillamente enunciarlo, sino recibir vida, anunciar salvación. Hay una promesa en ese nombre, no solo para quien lo invoca, sino también para todos los suyos. Es interesante que la palabra hebrea para confesar es yadah, la que también se traduce como “alabar” pues uno de sus significados coincide con el vocablo hebreo, halal de la cual proviene la palabra aleluya. Aparentemente, estas dos cosas parecería que no tienen ilación, pero cuando lo enfocamos en Dios, cobra sentido y vemos que sí tiene relación, si pensamos en la adoración a Dios. En esa acepción, que se refiere directamente al nombre del Señor cuando al experimentar su perdón brota una expresión espontánea de nuestro interior en la que confesamos nuestra pecaminosidad y el agradecimiento por la misericordia recibida en su salvación. La alabanza, entonces, viene como resultado de esa adoración que sentimos en nuestro corazón por nuestro Señor Jesús.

En el Nuevo Testamento la palabra confesar es jomologeo que se traduce como “declarar”, “profesar” “estar de acuerdo”, “hablar la misma cosa” (jomo mismo; lego hablar). Es como si públicamente afirmásemos nuestra adoración a Dios. De hecho, confesar el nombre de nuestro Señor Jesús es confirmar, admitir nuestra fe en Él. En un mundo donde se niega a Dios y se desprecia la adoración a su nombre, la confesión de fe toma una trascendencia enorme para nosotros como creyentes y testigos de lo que hemos visto, oído y vivido tocante al Verbo de Vida, Jesucristo, el Hijo de Dios. Cuando confesamos su nombre estamos confirmando el triunfo de su muerte y su gloriosa resurrección. Ser cristiano, por tanto, es ser testigo de lo que Dios ha dicho y ha hecho en el Hijo; es ser un embajador de las buenas nuevas de salvación. Por eso, nos es necesario hablar, predicar, hablar lo mismo y confesar su nombre delante de los hombres.




Hechos 4:11-12
“Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”

Hechos 16:30-31
"... y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa"

Romanos 10:12-13
"Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo"

Romanos 10:9-10
”… que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo”

Hechos 8:36-37
“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios"

Lucas 12:8-9
“Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios"

Filipenses 2:9-11
"Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre"

Consejo Biblico


La Biblia es el libro de la vida. En ella está todo lo que tú necesitas saber para vivir una vida con sentido. Con la Palabra puedes disipar todas tus dudas, recibir las respuestas a tus preguntas y encontrar la razón y el propósito de tu vida. No hay necesidad de que andes como un barco a la deriva si tu embarcación fue construida con un propósito y tiene un capitán que la conduce al feliz puerto, donde enjugará toda lágrima de tus ojos y quitará toda aflicción de tu corazón.

En cada necesidad, en cada crisis, cuando hay temor, cuando hay alegría, hay una Palabra de Dios que consuela, que edifica, que establece y también levanta. Ven y selecciona el tema que quieras abordar, cualquiera que sea, y a través del verso bíblico, recibirás paz y gozo en el Espíritu Santo, con el auxilio que viene de lo Alto.

Doctrinas Bíblicas


“Esto, para que ya no seamos niños, sacudidos a la deriva y llevados a dondequiera por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia las artimañas del error”
Efesios 4:14

¿Por qué existimos? ¿Por qué hay maldad? ¿Qué existe después de la muerte? ¿cómo puedo nacer de nuevo? ¿Qué piensa Dios del hombre? ¿Se preocupará por nosotros? ¿Cuál es su plan para nuestras vidas? ¿Hablará el Creador a sus criaturas? ¿Qué les dirá? Estas preguntas no podrían ser contestadas simplemente con la contemplación y análisis del Dios sabio y poderoso, autor del orden y el balance que se manifiesta en la creación natural.

Fue así, entonces, como Dios, en su infinita misericordia, instituyó una revelación escrita para el hombre, inspirando y permitiéndoles a los escritores bíblicos que registraran sus encuentros personales y los eventos en los cuales Él intervenía. Ese mismo Dios, «cuyo entendimiento no hay quien alcance» (Isaías 40: 28), puede ser conocido por medio de la Biblia. Es, pues, este Sagrado Libro la revelación de Dios al hombre. Es en él donde encontramos todo aquello que Dios desea que el hombre sepa y conozca de Él. Si bien, la Biblia no contiene TODAS las repuestas a las preguntas del hombre, SÍ contiene TODO LO QUE EL HOMBRE NECESITA SABER.

La Palabra de Dios, es experta explicando el significado de la vida, y el por qué y para qué de nuestra existencia. Tristemente esta revelación ha sido objeto de falsas interpretaciones por parte de muchos, lo que ha trastornado la fe de algunos (2 Timoteo 2:16) y han causando división, resquebrajando así la comunidad creyente. Pero esto no ocurre precisamente porque la Biblia en sí misma se contradiga, ya que no hay en la Biblia contradicciones temáticas. De hecho, no existen en los temas esenciales de las Escrituras (salvación, pecado, naturaleza divina, etc.) contradichos ni confusión. Sin embargo, estas tergiversaciones han nacido de la dureza del corazón humano, en su intento de acomodar a Dios a sus preceptos.

Es el hombre soberbio que deja la revelación escrita y toma la iniciativa jactanciosa de “descubrir” a Dios por su cuenta. Esto ha generado doctrinas diversas, que han sido el cimiento para diferentes cultos y sectas, basándose unos en “revelaciones personales”, otros en «mandamientos y doctrinas de hombres» (Colosenses 2:22), desviando a los hombres del Dios inmutable que se revela en las Sagradas Escrituras, como bien dijo Jesús: “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestras tradiciones” (Marcos 7:9), es decir, sus propias supersticiones y desvaríos.

Por tanto, es vital para cualquier cristiano sano espiritualmente, perseverar y mantenerse en la Palabra de Dios. Es la Biblia y solamente ésta es el fundamento sólido que halla el creyente cuando soplan los vientos huracanados del error. Por esta razón hemos desarrollado este espacio que contiene las cuestiones esenciales de la fe cristiana, y que resume nuestra confesión de fe. Estos estudios los hemos diseñado a manera de preguntas y respuestas, estas últimas sujetándose única y exclusivamente a lo que dice la Palabra, ya que Biblia se contesta, se confirma y se comprueba ella misma.

Amado hermano, dejamos esta sección a tu disposición, no sin antes encomendarte a Dios y al estudio de la Palabra de su gracia, para que Él te dé entendimiento en todo. Selecciona o haz click en el estudio bíblico de tu elección, y...

RECURSO


En el tiempo que tuvimos dedicados en lo relativo a la actualización de esta página, recibimos incontables llamadas y correos de todas partes del mundo, urgiéndonos la disponibilidad de nuestras enseñanzas y mensajes en audio y videos, en la Red. Y es increíble que gentes de diferentes géneros y nacionalidades alegaban la misma razón: Que los mismos representaban un gran “recurso” de edificación para su vida espiritual.

La palabra recurso representa bienes o riqueza, pero también se define como un medio que se dispone para satisfacer una necesidad o para llevar a cabo una tarea. Si lo que les brindamos representa para ustedes un recurso de capacitación y ayuda para su obra en el ministerio, esto en vez de envanecernos nos compromete y nos hace deudores.

Siendo así, en esta sección ponemos a tu disposición todos los recursos que a la luz de la Palabra de Dios no adulterada, sino apretada, remecida y rebosada en las aguas benditas donde nos guía el Espíritu Santo, y que el Señor nos ha dado. Aquí encontrarás: Audio, música, videos, artículos, información acerca de los libros, también enlaces a programas de radio &TV, asimismo consejo y estudios bíblicos. Está claro que solamente mediante el conocimiento de Dios podremos andar como es digno del Señor, agradándolo en todo y llevando fruto en toda buena obra (Colosenses 1:10), por lo cual, nos sentimos más que afortunados de servir como ayuda en su edificación y capacitación.



¡Qué Dios te añada bendición!

Remisión





florero roto, redimirRedimir es perdonar, condonar, exonerar, indultar una deuda. El que redime absuelve al deudor. Redime quien tiene la capacidad de entregar todo juicio a Dios. En el antiguo testamento no podía haber remisión sin derramamiento de sangre, así Cristo se entregó una vez y para siempre por nuestros pecados.

Aunque redimir o perdonar es una prerrogativa solo de Dios, no es menos cierto que hasta cierto punto Él ha entregado el juicio en nuestras manos, no para condenar, sino para perdonar como fuimos perdonados. Siendo así, somos perdonados según perdonamos a los que nos ofenden; somos juzgados con el mismo juicio con que juzgamos y medidos con la misma medida con que medimos; somos reconciliados con Dios según nos reconciliamos con el prójimo y Dios cree en nuestro amor por Él -a quien no vemos-, si amamos a aquellos a quienes vemos.


Por lo cual, la remisión es un regalo de amor, no al que ha faltado propiamente –aunque es el que se beneficia- sino a nuestro Padre Celestial, que merece toda honra, todo sacrificio. Amor con amor se paga, dice una canción, y Él nos amó.

Hemos dicho que sin restitución no hay remisión. El que restituye paga, el que redime se entrega voluntariamente. De hecho, nuestro Señor Jesús, primero restituyó la justicia divina y luego dio su vida, voluntariamente, para redimir nuestros pecados. En otras palabras, Cristo cumplió la ley, con su vida impoluta, para restituir la justicia divina, y luego nos redimió de la maldición del pecado, para con su muerte darnos vida.


La remisión, por tanto, es un sacrificio que ofrendamos a Dios, por eso se llama “LA REMISION DE JEHOVA”, pues para Él lo hacemos. Y aunque es un sacrificio que implica dolor, renuncia y muerte, al final también es gozo, libertad y vida. Es mucho mejor dar que recibir (Hechos 20:35), y aunque restituir es dar, redimir es algo superior porque es entregarse totalmente. Veámoslo a continuación, directamente desde la Palabra:



Deuteronomio 15:1-2 Cada siete años harás remisión. Y ésta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová.

Deuteronomio 15:9 Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado.

Mateo 6:14-15 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Mateo 18:34-35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.

Mateo 26:28 …. porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Mateo 6:12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Mateo 18:21-22 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Lucas 6:37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

Lucas 7:47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.

Lucas 11:4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

Lucas 17:3-4 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.

Lucas 23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Marcos 11:26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.

Hebreos 9:15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

Hebreos 9:22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.

Hebreos 10:17-18 ... añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

Juan 20:23 A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos.

Efesios 4:32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

Colosenses 3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

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