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sábado, 17 de julio de 2010

El día que decidí dejar de hacerlo


decidir
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
2 Timoteo 1:7
Eran de mis mejores días en el Señor, Dios estaba respaldándome de una forma especial, su fidelidad a mi vida era increíble, su respaldo también, pero había algo en mi que no estaba bien y yo lo sabía.
Y es que a veces pensamos que porque Dios esta respaldándote y usándote de gran manera, todo está bien en tu vida, aunque bien sabes que hay una área de tu vida por ahí que no está nada bien y que cada vez que sale a relucir sabes bien que desagrada al Señor.
Pero a veces la mente quiere engañarnos o mejor dicho el enemigo de nuestras almas, que envía pensamientos a nuestra mente para hacernos creer que todo está bien, que Dios no se fija en ese error que constantemente estas cometiendo y que por ser humano te es valedero, porque ¿Quién es perfecto?, y nosotros muchas veces respondemos a toda esa estrategia psicológica del enemigo con un: “Es cierto, tiene razón, no soy perfecto”.
Si pero el hecho de que no seamos perfecto no significa que podemos tirarnos a la desgracia del pecado, a fallar constantemente sin ni siquiera sentir la mínima culpa de lo que estamos haciendo o sin siquiera buscar la manera de mejorar esa área de nuestra vida para ser agradables a Dios.
En esos días a pesar que todo estaba excelente en cuando a lo que hacía para el Señor, yo muy bien, dentro de mí sabía que no estaba bien lo que hacía. En muchas ocasiones había decidido dejar de hacer aquello con lo cual le faltaba el respeto a Dios, pero nunca lo había logrado, siempre prometía que ahora sí, te prometo que ahora sí; a partir de mañana todo será diferente, la próxima semana si de verdad; así le decía tantas veces al Señor sin que hiciera algo por cambiar.
A veces nuestro carácter, las palabras que decimos, como nos conducimos en la vida o cualquier pecado que no está a la vista de las personas pueden convertirse en una cadena que ata nuestra vida y no nos permite vivir en Cristo libres, como El quiere que vivamos.
Es más creemos que Dios no hace nada por liberarnos y que no nos da la suficiente fuerza como para dejar de realizar aquello que lo ofende. Nos excusamos en decir que algún día Dios se dignara a tocar nuestras vidas y a liberarnos de aquello que nos es un martirio para nuestra relación personal con Dios.
Pero la verdad es que Dios siempre está dispuesto a liberarnos, a bendecirnos a hacernos libre, pero somos nosotros quienes posponemos todo para después, para mañana, para la otra semana, para otra ocasión, sin percatarnos que los únicos que perdemos somos nosotros, pues estamos dejando de alcanza mucho más respaldo y bendición de Dios, solo por no hacer nada por ser libre de aquello que a atado nuestra vida.
Pues, llego el momento en donde dije: “Esto no va más”, a pesar que el respaldo de Dios y su bendición estaba sobreabundante en mi vida, yo sabía que le debía aun más santidad y por eso me di cuenta que la única forma de solucionar eso era DECIDIRME EN DEJAR DE HACERLO.
Muchos creen que la única forma de ser libres está en que venga un hombre o mujer ungida por Dios, imponga manos sobre sus vidas e interceda al Dios Todopoderoso para que sean libres, piensan que el secreto está allí, pero les tengo noticias diferentes, no necesitas a que alguien venga e imponga manos sobre ti como para ser libre, tú mismo puedes ser libre si tan solo confías en el Señor que es Todopoderoso y que está dispuesto a hacerlo, lo único que se necesita es: DECISION.
Ese día me decidí y le dije a Dios: “Dios mío, hoy me decido a dejar de hacer esto que no te agrada, hare que mi decisión sea firme y por nada del mundo la cambiare”.
A partir de ese día comencé a vivir cada día con la decisión firme de que no volvería a fallar mas a Dios en esa área, yo sabía que esto no lo viviría solo, sino que su presencia iría conmigo, porque cuando decidimos ser fieles Dios lo toma en cuenta y nos fortalece en la hora de la prueba.
Muchas veces he sido seducido a volver a caer en el mismo error, pero jamás he vuelto a caer, porque un día DECIDÍ NO VOLVER A HACERLO y si yo digo NO, entonces no hay nadie ni nada que me obligue a hacerlo, pues Dios me regalo un Dominio Propio, y su Espíritu Santo me fortalece y me guía hacia toda verdad.
A veces creemos que necesitamos que los cielos se habrán y una luz resplandeciente caiga sobre nuestro rostros y una voz como de trueno nos diga: “Eres libre, ya no lo hagas mas” como para comenzar a cambiar áreas de nuestra vida, no mi hermano, porque Dios no necesita hacer un gran espectáculo como para ayudarte a salir de cualquier atadura, lo único que El necesita de ti es LA DECISION DE DEJARLO DE HACER, luego El se encargara de poner en ti la voluntad, la determinación y la fuerza para resistir a todo.
Yo puedo dar testimonio de que Dios siempre estuvo dispuesto a ayudarme a salir de esa área que me robaba autoridad y bendición de Dios, pero nunca sucedió hasta el día que DECIDÍ DEJAR DE HACERLO, fue entonces cuando Dios pudo actuar con completa libertad en mi vida y renovar todo mi ser.
Ahora yo puedo decir: SI SE PUEDE, no hay área en nuestra vida que nos pueda vencer, Dios siempre estará ahí para ayudarnos, lo único que El necesita es que NOS DECIDAMOS A SER FIELES A EL, y que esa decisión la RESPETEMOS SIEMPRE a través del DOMINIO PROPIOque El nos ha dado.
Hoy en día, mucho tiempo después puedo decir que mi vida fue transformada por la DECISION de dejar de hacer aquello que me afectaba, así como un día también tomamos la DECISION de hacer de Jesús el único y suficiente Salvador de nuestra vida y junto con ello la oportunidad de que un día podamos estar junto a El por toda una eternidad.
Y es que la DECISION juega un papel importante en la vida de cada ser humano, tú eres quienDECIDE si aceptar o no la ayuda de Dios, y tu DECISION será la que abra o cierre puertas de bendición para tu vida.

Toma HOY la DECISION de DEJAR de hacer aquello que afecta TU RELACION PERSONAL con el SEÑOR.

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Sal 10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

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