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viernes, 16 de abril de 2010

Sin misericordia

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"Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás

En nuestros días, cuando tanto se habla de derechos humanos y genocidios, cuando dictadores que cometieron atrocidades y creyeron escapar impunes son llevados ante tribunales internacionales de justicia, cuando resultan archiconocidas expresiones como holocausto o crimen contra la humanidad, algunos se preguntan qué es esto de exterminar a varios pueblos y no tener misericordia de ellos. ¿Cómo puede ser? Algunos ven en esto razón para perder la fe en un Dios de amor, misericordioso y compasivo. Pierden de vista que nuestro Dios promete visitar el pecado solamente sobre la tercera y la cuarta generación, pero que tiene misericordia sobre mil generaciones (Exo. 20:5, 6).

La verdad es que Dios nunca ejecuta juicio sin dar oportunidad de arrepentimiento. El hecho de que decidiera usar al pueblo hebreo para ejecutar juicio sobre estos pueblos debe ser entendido en el contexto de que tuvieron su oportunidad para reconocer al Dios del cielo y no lo hicieron. Su permanencia en la tierra pondría en peligro el plan de salvación, porque harían que el pueblo de Dios, de quien había de nacer el Mesías para salvar al mundo, se desviara, echando a perder el plan de salvación. “Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto. Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego” (Deut. 7:4, 5).

Lo que pasó con los pueblos cananeos no fue genocidio. En su juicio, el Señor limpió al mundo de estos pueblos, carentes ya de esperanza, por amor a ti y a mí. Lo importante es que nos demos cuenta de que para nosotros hoy es el día de salvación, que todavía tenemos la oportunidad de aceptar a nuestro Señor de todo corazón, de estar cobijados por Cristo y, por su gracia, escapar de la ira.

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Sal 10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

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