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viernes, 16 de abril de 2010

DOS MUJERES

Dos Mujeres Que Sostienen Los Vidrios Con Champán Y Que Ríen,  Hombre Joven Fotos De Archivo

Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es sabroso. Prov. 9:17.

La mente del hombre que no anda en los caminos de Dios funciona de un modo extraño. Busca el placer y encuentra el dolor, corre tras la alegría y solo encuentra tristeza. Piensa que las cosas son agradables únicamente cuando traen el sabor de lo prohibido. Las aguas, para ser dulces, necesitan ser robadas; y el pan, para ser agradable, debe ser comido a escondidas.

Lo prohibido, sin embargo, es como el caballo de Troya, deslumbrante por fuera, halaga el ego, inflama las pasiones humanas, solo que oculta dentro de sí vergüenza, miseria y muerte.

En el capítulo 9 del libro de Proverbios encontramos dos mujeres a la orilla del camino, disputándose la atención de los hombres. Es una alegoría de la sabiduría y la insensatez. La primera invita a las personas a la vida. El secreto de la vida consiste en andar en los caminos establecidos por Dios.

La segunda mujer es loca e insensata. Invita también a las personas, ofreciéndoles aguas robadas y pan comido a escondidas. Agua es sinónimo de vida. El desierto es tierra de muerte porque no tiene agua. La mujer loca ofrece agua. La vida robada, no es vida. El placer robado, no es placer. La felicidad disfrutada a las escondidas, no es felicidad.

Descubrimos eso con dolor. Cuando ya es tarde. Cuando la familia ya fue destruida, la dignidad arrollada y los valores deteriorados.

El pan es el alimento básico e indispensable, y no tiene nada de extravagancia ni lujo. Pero, cuando se lo come a escondidas, puede ser agradable en el momento, más después deja el sabor amargo de la insatisfacción. Tú comes y comes, y no te hartas. Buscas y buscas, y nunca encuentras. El corazón siempre está vacío.

La mente natural del hombre es rara, extraña. Se esconde. No desea ser vista, pero su actitud insensata, tarde o temprano, lo expone a la vergüenza pública.

Nada mejor que vivir a la luz del día. Con transparencia y verdad. Vive hoy de ese modo. Escucha la voz de la sabiduría y no prestes atención a la voz de la seducción, aunque ésta grite por los caminos: "Las aguas hurtadas son dulces, y el pan comido en oculto es sabroso".

SER REAL

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No intentes mal contra tu prójimo que habita confiado junto a ti. Prov. 3:29.

De todos los defectos de carácter, la deslealtad es seguramente uno de los peores. El hombre desleal actúa callado, en silencio, aparenta y finge que es amigo.

El otro día recibí una carta de cierta persona que estaba indignada. Su mejor amigo, a quien había ayudado a ingresar en la empresa, lo traicionó cobardemente y le robo el cargo. “Podía esperar eso de cualquier otro, menos de quien consideraba ser mi mejor amigo”, decía la carta.

Conversé telefónicamente con una señora que invitó a su mejor amiga a vivir con ella por un tiempo, debido a los momentos difíciles que la amiga pasaba y cuando abrió los ojos, la amiga estaba teniendo un caso con su esposo. “¿Cómo puede haber gente tan fingidora, mentirosa e hipócrita?”, decía ella.

En el texto de hoy, Salomón se dirige a ese tipo de personas. Gente que por envidia, inseguridad, ambición o complejo, no sabe ser leal.

La traición perjudica más al traidor que al traicionado. Cualquier dolor que viene de afuera pasa. Puede necesitar un poco de tiempo, pero pasa. La herida cierra y después quedan solamente las cicatrices. Pero las heridas interiores son fatales. Destruyen la vida lentamente.

Un día me caí en la bañera, me golpeé la cabeza y perdí el sentido. Cuando desperté, revisé mi cuerpo y aparentemente estaba bien. No sangraba, no había hematomas, nada que llamara la atención. Pero media hora mas tarde, me volví a desvanecer. Me llegaron al hospital y después de algunos exámenes me internaron. Cuando el peligro pasó, el médico me dijo: “Si hubiera tardado un poco mas en llegar al hospital, estaría muerto”. Por fuera no tenia nada, por dentro estaba sangrando.

La traidora Sandra, puede ser que no lo sepa, pero Sandra por dentro no es feliz ni disfruta de la vida. Su deslealtad lo lastima más de lo que lastimo al amigo, y lo que consigue con su traición, solo destruye la paz de su corazón.

En Jesús hay plenitud. En Jesús tú adquieres fuerza para luchar legítimamente por tus sueños sin recurrir a actitudes cobardes como la traición. En Jesús la vida cobra dimensiones altruistas.

Haz de este día un día de amistad leal con aquellos que te admiran y confían en ti. “No intentes mal contra tu prójima que habita confiado en ti”.

EN TODO TIEMPO

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Desde el nacimiento del sol basta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová. Sal 113:3.

Es común alabar a Dios cuando el corazón rebosa de alegría y gratitud. Es también común buscarlo cuando las cosas parecen escapar del control y tú sientes que no tienes más fuerzas para continuar resistiendo los huracanes de la vida. No me refiero a huracanes como el Katrina o el Vilma, que arrasaron todo dejando por lo menos la esperanza de la reconstrucción. Me refiero a aquellos vendavales emocionales que se llevan hasta las ganas de continuar viviendo.

¿Qué sucede cuando el ser amado un día te mira y te dice: “Fue bueno mientras duró, pero me estoy yendo porque quiero ser feliz?” ¿O qué sientes cuando después de toda una vida de trabajo, la traición de alguien en quien tú confiabas parece destruir tus sueños? ¿Cómo reaccionas ante el cuerpo inerte del hijo amado, o ante el diagnóstico de un cáncer Terminal en plena juventud?

Buscar a Dios en los momentos de alegría y de tristeza será más fácil si la declaración del versículo de hoy es una realidad en tu experiencia. Alabar el nombre de Dios debe ser un acto permanente. “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone”. Andando, viajando, trabajando, viviendo, la alabanza debe estar presente en cada latido del corazón.

El humanismo de nuestros días concentra la atención del hombre en el propio hombre. “Busca la solución dentro de ti mismo”, afirma. “Saca la energía de tu interior”, declara. En contraste, la teología bíblica es teocéntrica. Según ella, todos los caminos e intenciones humanas deben converger en Dios. La Biblia enseña que Dios está en los cielos, pero que quiere estar en la vida de la criatura. Todos los días, en todos los momentos.

¿Dejarás que Dios camine a tu lado hoy? ¿Le pedirás orientación antes de tomar la decisión que necesitas tomar? Separarse de la presencia de Jesús, solo por un minuto, es como quitar el tubo de oxígeno de un enfermo Terminal.

Si aprendes a sentir la presencia de Dios en todo momento, te será más fácil hacerlo en medio del dolor, cuando las lágrimas te impidan ver al Señor.

Ábrele el corazón a Jesús. Abraza a tus amados antes de salir de casa. Anima al débil, consuela al triste y encara con optimismo los desafíos de este día. Y no olvides: “Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová”.

SU ULTIMO ERROR

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Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios. (2 Sam. 6: 6, 7).

La suerte de Uza fue un castigo divino por la violación de un mandamiento muy explícito. Por medio de Moisés el Señor había dado instrucciones especiales acerca de cómo transportar el arca. Sólo los sacerdotes, descendientes de Aarón, podían tocarla, o aun mirarla descubierta. . .

Los sacerdotes habían de cubrir el arca, y luego los coatitas debían levantarla mediante los palos que pasaban por los anillos de cada lado del arca, y que nunca se quitaban. A los hijos de Gersón y de Merari, que tenían a su cargo las cortinas y las tablas y los pilares del tabernáculo, Moisés les dio carretas y bueyes para que transportaran en éstas lo que se les había encomendado a ellos. "Y a los hijos de Coat no dio; porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario" (Núm. 7: 9). Así al traer el arca de Quiriat-jearim se habían pasado por alto en forma directa e inexcusable las instrucciones del Señor. . .

Los filisteos, que no conocían la ley de Dios, habían puesto el arca sobre una carreta cuando la devolvieron a Israel, y el Señor aceptó el esfuerzo que ellos habían hecho. Pero los israelitas tenían en sus manos una declaración precisa de lo que Dios quería en estos asuntos, y al descuidar estas instrucciones deshonraban a Dios.

Uza incurrió en la culpa mayor de presunción. Al transgredir la ley de Dios había aminorado su sentido de la santidad de ella, y con sus pecados inconfesos, a pesar de la prohibición divina, había presumido tocar el símbolo de la presencia de Dios. Dios no puede aceptar una obediencia parcial ni una conducta negligente con respecto a sus mandamientos. Mediante el castigo infligido a Uza, quiso hacer comprender a todo Israel cuán importante es dar estricta obediencia a sus requisitos. Así la muerte de ese solo hombre, al inducir al pueblo a arrepentirse, había de evitar la necesidad de aplicar castigo a miles

NO ME DESAMPARES

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No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí. Sal. 38:21.

Aquella trágica tarde en el Edén, Dios no se entristeció porque Adán y Eva habían comido un fruto, sino por lo que la desobediencia representaba. Los hijos amados, que antes corrían felices a los brazos del Padre, esta vez se escondieron de él. El pecado había creado un abismo de separación entre el Creador y la criatura. Esta es la consecuencia más cruel del pecado. Y hace que el ser humano viva únicamente preocupado con la exterioridad del cristianismo.

A partir de aquel día, la humanidad comenzó su caminata solitaria por el desierto de la vida. El tiempo se encargaría de mostrarle cuán triste es vivir separado de Dios. La separación produce desintegración, y la desintegración, la muerte.

En este Salmo 38, David describe las consecuencias visibles del pecado, y llora: "No hay nada sano en mi carne, a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado". * Es que el pecado afecta la vida física del hombre. Le quita el deseo de vivir, deseo que genera las endorfinas que alimentan las células del cuerpo. La vida pierde sentido. La criatura deja de vivir, apenas existe.

"Hieren y supuran mis llagas, a causa de mi locura", continúa diciendo el salmista. * Su lamento describe lo que la conciencia es capaz de hacer en la mente del pecador. "¿Cómo pude hacer esta locura?", se desespera el pobre pecador, luego que la fascinación de la tentación acaba. Pero ya es tarde. Las consecuencias sociales del error aparecen como "flechas" que hieren el alma. "Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga, y mis cercanos se han alejado". *

Tristeza, desolación. Abandono. Autocondenación. Cuchillos afilados que hieren hasta sangrar. David sabía muy bien lo que era eso. Pero, de todo el salmo, escogí apenas el versículo 21: "No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí".

¡Ah, corazón rebelde! Cuando las luces cegadoras de la tentación vengan a tu vida, piensa un poco en el mundo frío y oscuro que envuelve el corazón a causa del pecado, mira para arriba y clama con todas las fuerzas de tu ser: "No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mí".

* Sal. 38:3,5,11

HASTA EN LA ALEGRÍA

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Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja. Prov. 14:13.

No es pesimismo. Es la realidad triste y dura. Nadie puede escapar de ella. Este mundo era perfecto cuando salió de las manos del Creador. No había muerte, ni dolor, ni lágrimas. Pero, a partir de la entrada del pecado, se volvió hostil y extraño. A veces, hasta cruel y despiadado.
Hoy, hasta cuando tú ríes el dolor está presente. La alegría muchas veces termina en tristeza. El otro día hablé con una persona que durante 30 años ahorró dinero para realizar su sueño de conocer Europa. Finalmente, llegó el momento anhelado. El viaje fue maravilloso. Vio de cerca cosas que solo conocía a través de los libros; pensó que el dinero había sido gastado con sabiduría.

Cuando el viaje terminó, y llegó a casa, y abrió las maletas en el cuarto, sintió de repente ganas de llorar. No sabía explicar porqué, pero se sentía culpable. Descubrió que “aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja”.

Otro de los pensamientos que aparecen en el texto de hoy es la fragilidad de los intentos humanos para resolver los problemas del alma. Tú asistes a un circo para reír y cuando el espectáculo termina y las luces se apagan, solo queda un vacío indefinible que duele. El joven se droga queriendo salir de sus angustias y cuando los efectos de la droga pasan, solo queda desesperación y ganas de morir. Inútilmente, la criatura trata de librarse de la culpa existencial. El corazón duele y tú no sabes definir porqué; luchas, trabajas y te
esfuerzas, y todo continúa igual.

Solo Jesús es capaz de llenar el vacío del corazón. El es la única persona que pone el mundo interior en orden, perdona, transforma y satisface. Cura, limpia y purifica. Por eso, afirmó: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo'.

Al convivir con Jesús tú aprendes a administrar el dolor existencial. El dolor del ser sin ser. La sensación amarga de sentirse mal sin haber hecho mal.

Ábrele tu corazón a Aquel que un día dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy.** Habla con él, como un hijo habla con su padre. Pregúntale las cosas que no comprendes, reclama, implora. El nunca dejó sin respuesta a quien con sinceridad lo busca, pero recuerda: “Aun en la risa tendrá dolor el corazón; y el término de la alegría es congoja”.

* Juan 16:33. **Juan 14:27.

EL CARÁCTER SE REVELA EN LA ADVERSIDAD

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"Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón" (2 Sam. 15:14).

David nunca fue más digno de admiración que en su hora de adversidad. Nunca este cedro de Dios fue más grande que cuando bregó contra la tormenta y la tempestad... Con el ánimo quebrantado y emocionado hasta las lágrimas, pero sin una expresión de queja, da la espalda a las escenas de su gloria y también de su crimen, y huye por su vida.

Simei le salió al paso y, con una tormenta de maldiciones, lo cubrió de improperios, arrojando piedras y tierra. Uno de los hombres leales a David le dijo: "Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza". En su tristeza y humillación, David respondió: "Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho...

Cuando la procesión en marcha se encuentra con Sadoc y Abiatar y los levitas que venían cargando el arca de Dios, el símbolo de la presencia divina, David por un momento vislumbró una estrella de esperanza en medio de las nubes, pues con ese preciado símbolo de su parte, mejoraba grandemente su posición...

Pero, ¡cuán generoso y noble es David! En medio de su aflicción abrumadora, tomó una decisión. Él, como el encumbrado cedro del Líbano, elevó su vista al cielo. Y la orden del monarca fue, "Haz volver el arca de Dios a la ciudad"... Su reverencia y respeto por el arca del Señor no le permitieron ponerla en peligro por causa de la incertidumbre de su presurosa partida...

Despojar a la ciudad de aquel símbolo que le había dado el nombre de "Monte de la Santidad" era algo que no podía aceptar. Si hubiera sido impulsado por motivos egoístas y una elevada opinión de sí mismo, de buena gana habría reunido todo aquello que mejorara su caótica situación y que le permitiese afianzar su seguridad. Pero, la envió de regreso a su lugar sagrado y no avanzó hasta que vio a los sacerdotes regresar con ese cargamento santo para depositarlo en su lugar en el tabernáculo de Sión...

La voz de la conciencia que era más terrible que la de Simei, le trajo sus pecados a la memoria. El caso de Urías estaba continuamente delante de él. Su gran crimen había sido el pecado de adulterio... Y, aunque no mató a Urías con su propia mano, sabía que la culpabilidad de su muerte descansaba sobre él...

Recordó entonces las veces que Dios había obrado en su favor y reflexionó: "Si el Señor acepta mi arrepentimiento, también me dará su favor y mudará así mi tristeza en gozo... Por otra parte, si él ya no se goza en mí, si me ha olvidado, si me entrega al destierro o a la muerte, no murmuraré... Merezco sus juicios y he de aceptarlos todos

SATANÁS TRABAJA OCULTAMENTE

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Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efe. 6: 12).

La Biblia tiene poco que decir en alabanza de los hombres. Dedica poco espacio a relatar las virtudes hasta de los mejores hombres que jamás hayan vivido. Este silencio no deja de tener su propósito y su lección. Todas las buenas cualidades que poseen los hombres son dones de Dios; realizan sus buenas acciones por la gracia de Dios manifestada en Cristo. Como lo deben todo a Dios, la gloria de cuanto son y hacen le pertenece sólo a él; ellos no son sino instrumentos en sus manos.

Además, según todas las lecciones de la historia bíblica, es peligroso alabar o ensalzar a los hombres; pero si uno llega a perder de vista su total dependencia de Dios, y a confiar en su propia fortaleza, caerá seguramente. . .

Es imposible que nosotros, con nuestra propia fortaleza sostengamos el conflicto; y todo lo que aleje a nuestra mente de Dios, todo lo que induzca al ensalzamiento o a la dependencia de sí, prepara seguramente nuestra caída. El tenor de la Biblia está destinado a inculcarnos desconfianza en el poder humano y a fomentar nuestra confianza en el poder divino.

El espíritu de confianza y ensalzamiento de sí fue el que preparó la caída de David. La adulación y las sutiles seducciones del poder y del lujo, no dejaron de tener su efecto sobre él. También las relaciones con las naciones vecinas ejercieron en él una influencia maléfica. Según las costumbres que prevalecían entre los soberanos orientales de aquel entonces, los crímenes que no se toleraban en los súbditos quedaban impunes cuando se trataba del rey; el monarca no estaba obligado a ejercer el mismo dominio de sí que el súbdito. Todo esto tendía a aminorar en David el sentido de la perversidad excesiva del pecado. Y en vez de confiar humilde en el poder de Dios, comenzó a confiar en su propia fuerza y sabiduría.

Tan pronto como Satanás pueda separar el alma de Dios, la única fuente de fortaleza, procurará despertar los deseos impíos de la naturaleza carnal del hombre. La obra del enemigo no es abrupta; al principio no es repentina ni sorpresivo; consiste en minar secretamente las fortalezas de los principios

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El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas. Prov. 10:12.

El odio no es tan solo el deseo violento de querer que el otro muera. El odio se manifiesta de muchas formas diferentes. Murmuración, chismes, conclusiones equivocadas, mentiras calumniosas, historias falsas que manchan la reputación, son todos ropajes con los que se viste el odio.

Salomón, en el versículo de hoy, dice que "el odio despierta rencillas". Hace más. Abre heridas, rompe relaciones, construye muros de separación, destruye amistades, paraliza, desanima y mata.

El odio tiene sus raíces en una amargura no curada, en la incapacidad de perdonar, en el resentimiento guardado. Lo peor de todo es que no hace tanto mal al odiado como a la persona que odia. El corazón del que odia es un depósito de veneno. Antes de salir para afuera, la sustancia letal corroe el propio depósito.

Ninguna persona sensata guarda odio en su corazón, porque estaría suicidándose. No tiene sentido. Es una locura. Irracionalidad. Hay un camino mejor para curar las heridas. Es el camino del amor. "El amor cubrirá todas las faltas", declara el versículo de hoy.

Cubrir se deriva de la palabra hebrea kasah, que tiene el sentido de apagar el fuego hasta extinguirlo. Si tú tuvieras que apagar un incendio, ¿usarías agua o gasolina? El amor es agua. El odio es gasolina. Vengarse, empujado por el odio, te pone a ti en desventaja.

¿Cómo amar si alguien te hirió? ¿Cómo ver al enemigo impune, andando libremente por la calle sin que reciba "lo que merece"? ¿Es justo que alguien no pague por el mal que hizo?

En toda venganza hay dos víctimas. Por eso, el odio es autodestructivo, y por eso Dios nos enseña que ése no es el camino que conduce a la felicidad.

A veces hay personas que vienen a buscarme angustiadas después de vengarse. "Debería sentirme feliz -dicen arrepentidas-, pero no lo estoy. Antes, por lo menos tenía la motivación de destruirlo. Ahora que conseguí lo que quería, me siento vacía y acabada".

Hoy, como todo nuevo día, es una nueva oportunidad para pensar y repensar. ¿A dónde estoy yendo? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Cuáles son mis motivaciones? ¿Cómo afecta esto a las personas que amo?

Antes de salir para enfrentar los desafíos de hoy, recuerda que "el odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas".

LA BONDAD DE DIOS

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Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones. Sal 100:5.

John Cloud cuenta en la revista Time que en la mañana del famoso 11 de septiembre, Genelle llegó temprano al piso 64 de la torre norte del World Trade Cemer, donde trabajaba. La joven prendió su computador y, repentinamente, oyó un estruendo terrible. Ella no sabía que el vuelo 11 de American Airlines acababa de chocar contra el edificio donde estaba.

Al principio no tuvo miedo. Solo curiosidad. Se dirigió a la ventana y vio un monte de papeles volando por el aire. Oyó gritos y a alguien diciendo que un avión había chocado con el predio. "Tenemos que salir de aquí", gritaban otros. Genelle se aterrorizó. No sabía si debía bajar por las escaleras o esperar allí. La alarma contra incendios sonaba enloquecedoramente. Todo el mundo gritaba y nadie sabía qué hacer.

Cuando finalmente decidió bajar, la escalera estaba llena de humo. En eso oyó otro ruido ensordecedor. Pensó que era el fin. Lo que no sabía entonces, era que centenares de personas acababan de morir al derrumbarse la torre sur. Eran las 9:59 y la torre norte, donde estaba ella, también se caería 29 minutos después.

Genelle bajaba las escaleras del piso 13 cuando oyó otro ruido descomunal, sintió que era llevada como si fuera una pelota de ping pong y se desmayó. Cuando volvió en sí, estaba atrapada. Le dolía todo el cuerpo y no podía moverse. Tocó algo a su lado, algo suave, y se dio cuenta que era un cadáver. Quedó aterrorizada. Las horas transcurrieron y Genelle se desmayó nuevamente.

Cuando despertó ya era de noche. Clamó a Dios. Se sintió mejor y oró otra vez. De repente, oyó voces y gritó: "¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí!" Una voz le respondió; "¿Puede ver la luz?" Ella no podía, pero el equipo de rescate la encontró y la salvó.

En medio de la tragedia de aquel día, Genelle entregó su vida a Dios. Hoy, ora y estudia la Biblia diariamente. Recibió algo de ayuda financiera del gobierno, pero no piensa pedir indemnización. ''Ahora soy cristiana", explica.

Creo que nadie tiene la culpa. Antes vivía preocupada solamente por el dinero y por mi apariencia física. Hoy, cojeo y tengo cicatrices horribles, pero eso no me preocupa. Ya no tiene tanta importancia, porque estoy viva. Solo estar viva ya es motivo para ser feliz", afirma Genelle con convicción.

Por eso, hoy, aunque haya sombras a tu alrededor, di tú también: "Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones”.

Sin misericordia

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"Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás

En nuestros días, cuando tanto se habla de derechos humanos y genocidios, cuando dictadores que cometieron atrocidades y creyeron escapar impunes son llevados ante tribunales internacionales de justicia, cuando resultan archiconocidas expresiones como holocausto o crimen contra la humanidad, algunos se preguntan qué es esto de exterminar a varios pueblos y no tener misericordia de ellos. ¿Cómo puede ser? Algunos ven en esto razón para perder la fe en un Dios de amor, misericordioso y compasivo. Pierden de vista que nuestro Dios promete visitar el pecado solamente sobre la tercera y la cuarta generación, pero que tiene misericordia sobre mil generaciones (Exo. 20:5, 6).

La verdad es que Dios nunca ejecuta juicio sin dar oportunidad de arrepentimiento. El hecho de que decidiera usar al pueblo hebreo para ejecutar juicio sobre estos pueblos debe ser entendido en el contexto de que tuvieron su oportunidad para reconocer al Dios del cielo y no lo hicieron. Su permanencia en la tierra pondría en peligro el plan de salvación, porque harían que el pueblo de Dios, de quien había de nacer el Mesías para salvar al mundo, se desviara, echando a perder el plan de salvación. “Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto. Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego” (Deut. 7:4, 5).

Lo que pasó con los pueblos cananeos no fue genocidio. En su juicio, el Señor limpió al mundo de estos pueblos, carentes ya de esperanza, por amor a ti y a mí. Lo importante es que nos demos cuenta de que para nosotros hoy es el día de salvación, que todavía tenemos la oportunidad de aceptar a nuestro Señor de todo corazón, de estar cobijados por Cristo y, por su gracia, escapar de la ira.

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