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miércoles, 5 de agosto de 2009

Radiografía del Corazón - Parte 3


¿Cómo nos presentamos ante Dios? ¿Cómo está nuestro corazón? Sigamos estudiando los “tipos de corazón”. O, más concretamente, las actitudes y los pecados de los que debemos arrepentirnos.


Un corazón desviado:

1Re 11:1-2 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; (2) gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses.

A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.

Salomón llegó a tener mucho poder y riquezas. En su vida podemos ver la diferencia entre la sabiduría de Dios y la integridad. Adquirimos la sabiduría de Dios estudiando su palabra, Él nos la da, pero la integridad es decisión personal, la damos nosotros. Salomón fue sabio pero no fue íntegro, se desvió, no permaneció en santidad.

En los tiempos de Salomón la poligamia era aceptada culturalmente, pero Dios no la consentía. Así que el rey se juntó con amor carnal a muchas mujeres aún sabiendo que le estaba prohibido. A Salomón lo desviaron las pasiones desordenadas, la concupiscencia. Pero hay muchas otra cosas que nos pueden desviar de la fe.


amordinero.jpgEl amor al dinero, el engaño de las riquezas, también puede desviarnos. Por eso Juan dice que no amemos al mundo ni a las cosas del mundo, es decir, a la clase de vida que vive el mundo y lo que el mundo ofrece. Satanás le ofreció riquezas y vanagloria a Jesús… y esto es lo que nos ofrecerá a nosotros. Un verdadero discípulo de Jesús evidentemente no puede aceptarlas.

La vanagloria también nos desvía: a la carne le encanta recibir la clase de gloria que sólo le pertenece a Dios.

Algunas corrientes de la psicología insisten en la importancia de reconocer a la gente para levantar su autoestima, pero el evangelio dice lo contrario: cuando hacemos algo bien no somos más que siervos inútiles, que sólo hacen lo que tienen que hacer. El verdadero discípulo no necesita la motivación de la gente: él sabe lo que debe hacer y entiende que la recompensa viene del Padre, no de los hombres. Buscar y obtener la recompensa de la gente nos impedirá recibir la de Dios (”ya tienen su recompensa”).

Nuestra carne anhelará que se le rinda pleitesía, pero nuestro deber es sacrificarla y rendir tales deseos pecaminosos a Dios.

Muchas veces los padres motivan a sus hijos a estudiar “para que sean alguien en la vida”, como si no lo fueran ya, por el hecho de ser hijos de Dios. Así, la gente hace cosas buscando “ser alguien” según el mundo, persiguiendo el poder económico. Tal énfasis nos desvía, pues le concedemos más valor a conseguir lo que se corrompe, en lugar de ir en pos de lo incorruptible. Al final, de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma.

Un corazón alejado de Dios

Hay también otro tipo de corazón: el hipócrita que está alejado de Dios pero que aparenta estar cerca de él.

lejosdedios.jpgMat 15:7-8 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:

(8)
Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.

El texto habla de gente que supuestamente alaba a Dios, pero que en la realidad está lejos de Dios. Se pensaría que tal situación se produce sólo entre congregantes comunes, pero la verdad es otra: hay aún supuestos ministros del evangelio cuyo único interés es cuidar su imagen al máximo para que hacer creer a la gente que están cerca de Dios.

Un día, antes de comenzar un evento cristiano, un afamado cantante de alabanza me dijo haciendo ademanes de gran señor: “estoy hastiado de todo esto”. Poco después subió a la plataforma y muy sonriente animó a los presentes a “alabar al Señor” con el clásico “grito de júbilo”, un sentir que él mismo no podía experimentar: estaba alabando de labios, había subido a la plataforma sólo a actuar. ¡Vaya farsa!

Los tales son hipócritas, gente que está en el ministerio con motivaciones desviadas. Éstos piensan sólo en su imagen, en cuánto van a ganar, en cuánto van a vender. Hablan de Dios, pero ni siquiera están pensando realmente en Él.

¿Cómo está tu corazón?

El corazón glotón, borracho y afanado:

Luc 21:34-36 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. (35) Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. (36) Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.

[Foto de http://www.maikelnai.es/2007/07/]La instrucción de Jesús consiste en velar para no cargarnos de tales pecados.

La glotonería consiste en la búsqueda de un deleite continuo basado en la comida, la cual es uno de los placeres de la vida. Los griegos y los romanos por ejemplo comían en demasía y luego se provocaban el vómito para seguir disfrutando los manjares que disponían en sus fiestas. La embriaguez es parecida.

Jesús nos ordena que el corazón no se cargue con los deleites, con el afán de las riquezas, que nuestra búsqueda no sea la de tratar de “disfrutar la vida”. Este es el camino que lleva a la apostasía: son muchos los que así se han desviado de Jesús, los que no están dispuestos a morir por Cristo, los que se han apartado del evangelio verdadero.

Ahora tenemos un montón de “borrachos” que posiblemente no se embriagan con vino, pero que están llenos de sueños mundanos y carnales, llenos de ambición, deseosos de hacerse ricos, de obtener autos, casas, propiedades, afanados en “prosperar”, en todo lo cual también hay disolución. Estos motivan a gritos a sus oyentes para que presenten sus sueños a Dios para que Él se los cumpla, como si se tratara del genio de la lámpara. Se olvidan de que todo sueño del creyente verdadero ha de estar alineado con la voluntad de Dios.

¿A quién engañamos?

1Sa 16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

Jehová mira el corazón. Desechemos por tanto lo de afuera. Dice Apocalipsis que Jesús tiene mirada de fuego: es penetrante, nada se puede ocultar frente a Él. El Señor mira nuestro interior directamente y sabe exactamente cómo estamos.

¿Cuál es el verdadero estado de nuestro corazón?

Eze 11:19-21 Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, (20) para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios. (21) Mas a aquellos cuyo corazón anda tras el deseo de sus idolatrías y de sus abominaciones, yo traigo su camino sobre sus propias cabezas, dice Jehová el Señor.

Ya en el Antiguo Testamento, Dios hablaba de una nueva obra, de una nueva criatura. Hablaba desde entonces de formar en nosotros un corazón nuevo para que anduviéramos en sus ordenanzas y propósitos. El Señor promete aquí un trasplante: formar un corazón conforme a su corazón.

Un corazón perfecto:

1Cr 28:9 Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.

[Foto de http://embruxo.spaces.live.com/blog/cns!EF81EE494B4DE6EA!1147.entry]En este pasaje, David está hablando con su hijo Salomón y le instruye para tener un corazón perfecto (el corazón entero, no en pedazos: no cabe aquí un corazón que es mitad para el mundo y mitad para Dios). Un verdadero creyente no puede vivir con un corazón alejado de Dios, nuestro corazón es para él… y sólo para él.

Hay que buscar al Señor con ánimo, acercanos a Él desde nuestra voluntad, no por obligación sino de corazón. Esto implica poner en orden nuestras prioridades: primero Dios, luego la familia, en tercer lugar la iglesia si se es un ministro…

Algunos se jactan de tener al ministerio en primer lugar creyendo agradar a Dios, aún cuando usan su posición eclesiástica sólo para saciar sus deseos. Estos usan el nombre de Dios para sus propios propósitos, para escalar a la fama, para obtener riquezas. Un verdadero creyente ha de tener un corazón dispuesto a dejarlo todo.

Por otro lado, Dios pide un corazón perfecto, no un corazón infalible (que no peca), sino perfecto: es decir, entero. El corazón perfecto tiene errores, pero sabe arrepentirse. Falla, pero lo reconoce y busca a Dios. Al no ser perfecto (infalible) llega a pecar, pero sabe reconocerlo. Es dócil a Dios porque es enteramente para Dios y reacciona a Sus impulsos. Pide perdón, cambia y sigue adelante.

1Re 8:61
Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy.

Sea íntegro y completo tu corazón es el mensaje del versículo. Dios busca este tipo de corazón. No busca personas perfectas (infalibles) o con pasado perfecto porque tales personas no existen. Ninguno de los hombres a los que Dios llamó tenían una vida perfecta, pero eran obedientes y de corazón perfecto (completo).

Quien tiene un corazón entero para Dios se puede desviar por un momento, como Pedro cuando negó a Jesús, pero tarde o temprano su corazón perfecto le llevará al arrepentimiento.

Sed, pues, vosotros, perfectos, como vuestro

Padre que está en los cielos es perfecto. Mat 5:48

Un corazón determinado:

Dan 1:8 Y Daniel propuso en su corazón
no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.

[Foto de bocavermelha http://www.flickr.com/photos/bocavermelha/]Daniel, junto con otros, fue llevado como esclavo a Babilonia. El no escogió ir allá. En contraparte, hoy, muchos cristianos van solos, por su cuenta, a donde está la tentación.

Antes de que se presentara la situación, Daniel se apegó a sus convicciones. Este hombre sabía que llegaría a un palacio lleno de corrupción y de pecado, pero vemos en él un corazón determinado.

Contaminarse es corromperse. Antes de enfrentar situaciones nos debemos proponer en el corazón no contaminarnos. Por ejemplo, resolvemos anticipadamente no enojarnos cuando sabemos que nos encontraremos con personas que se burlarán de nuestra fe.

Proponerse implica una iniciativa anticipada
Y Dios apoyó a Daniel. Dice el texto que propuso no contaminarse ”ni con la comida del rey, ni con el vino” porque estas cosas estaban dedicadas a los ídolos de ellos.

Los compañeros de Daniel propusieron en su corazón no doblarse ante una estatua, aunque les costara la vida. Estaban dispuestos a todo. Así, cuando se les presentó tal situación, actuaron conforme a sus principios.

Los esclavos tenían prohibido hablar, mas ellos contestaron: Dan 3:17-18 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. (18) Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

Estaban dispuestos a la muerte, así que no tuvieron temor de hablar sus convicciones. Por esto se enfureció más el rey: le enojó que le respondieran.

Dan 3:19 Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.

Un corazón sólido y con convicción es lo contrario a un corazón dividido. Por eso Jesús dijo que consideráramos el precio de seguirle, que calculáramos el costo: es todo o nada, en este caso no es el diezmo; se trata de TODO. (Luc 14:28)

Ahora, ¿quién escoge morir? Un verdadero discípulo debería hacerlo. El apóstol Pablo, por ejemplo, escogió ir a Jerusalén sabiendo que padecería en manos de los romanos; los primeros cristianos escogieron padecer persecución, escogieron predicar el evangelio aunque se les prohibía.

Dice
Mat_5:8
- Felices, dichosos los de corazón limpio (los que se mantienen en contacto con Dios, los que no acumulan pecados ni resentimientos, los que tienen un corazón perfecto, completo).

Días Dorados [Foto de shashamane http://www.flickr.com/photos/shashamane/]En el Sal.24:3-4 se nos habla de quién entrará a la presencia del Señor: los de corazón puro, es decir, los que guardan su corazón entero sin contaminación para Dios.

Sal_51:10
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Luc_6:45 – Jesús afirma que somos como un recipiente para las cosas de Dios, como un cofre: sale de nosotros lo que tenemos dentro. ¿Qué es lo que tenemos en el corazón?

En 2Co_9:7 , Pablo habla de dar una ofrenda conforme a lo propuesto en el corazón: la motivación para dar generosamente proviene de un corazón perfecto para Dios. Hoy en día se suele interpretar torcidamente tal enseñanza: muchos la usan para enriquecerse, para motivar a la gente a que les entregue su dinero. “Vende todo y dámelo a mí” es el vil mensaje de muchos predicadores. No se deje engañar: en realidad Pablo está hablando de un corazón generoso para Dios, de dar para que se vean cumplidos Sus propósitos.

En el pasaje de la ofrenda de la viuda, Jesús estaba viendo lo que la gente ofrendaba: él veía la actitud del corazón. La viuda ciertamente echó la moneda de menor valor, pero ella dio todo lo que tenía. En proporción, ella dio más que los demás: lo dio todo y Dios exaltó su corazón.

¿Cómo es nuestro corazón? ¿Damos con generosidad? ¿Somos puros? ¿Buscamos pureza y santidad? ¿Buscamos a Dios porque él es Dios o por lo que esperamos que nos dará? ¿Nos proponemos santidad? ¿Estamos dispuestos a morir y a darlo todo por él?


TOMADO DE EL BLOG http://casadeoracionmexico.info/blog PASTOR CHUY OLIVAREZ

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Sal 10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

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