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viernes, 14 de mayo de 2010

ACCIÓN DE GRACIAS Y ALABANZA


alabanza800x600.gifEntrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre. (Sal. 100: 4.)


Si consagráramos corazón y mente al servicio de Dios, e hiciéramos la obra que él nos encomendó y siguiéramos las huellas de Jesús, nuestros corazones se convertirían en arpas sagradas, y todas sus cuerdas vibrarían para elevar alabanzas y acciones de gracias en honor del Cordero enviado por Dios para quitar el pecado del mundo...

Cristo quiere que nuestros pensamientos se concentren en él... Apartad vuestra mirada de vosotros y contemplad a Jesucristo, esencia de toda bendición y gracia, esencia de todo lo que es precioso y valioso para los hijos de Dios...

El Señor Jesús es nuestra fortaleza y felicidad; es el gran depósito del cual los hombres pueden sacar fortaleza en cualquier ocasión. Al analizarlo, al hablar con él, nos ponemos en mejores condiciones de contemplarlo: al apropiamos de su gracia y recibir las bendiciones que nos prodiga, tenemos algo con lo que podemos ayudar a los demás. Llenos de gratitud, transmitimos a los demás las bendiciones que se nos dieron gratuitamente. Al recibir e impartir de esa manera, crecemos en gracia; y un constante himno de alabanza y gratitud fluye de nuestros labios; el dulce espíritu de Jesús enciende el reconocimiento en nuestro corazón, y el alma adquiere elevado sentido de seguridad. La infalible e inagotable justicia de Cristo se convierte en nuestra justicia por fe.

Que las frescas bendiciones de cada nuevo día despierten la alabanza en nuestros corazones por estas señales de su cuidado amoroso. Al abrir vuestros ojos por la mañana, dad gracias a Dios por haberos guardado en la noche. Dadle gracias por la paz con que llena vuestro corazón. Que por la mañana, a mediodía y por la noche suba vuestro agradecimiento hasta el cielo cual dulce perfume.

Los ángeles de Dios, millares sobre millares y millones de millones, son comisionados para atender a los que han de ser herederos de la salvación. Nos guardan del mal y repelen las fuerzas de las tinieblas que procuran destruirnos. ¿No tenemos motivos de continuo agradecimiento, aun cuando al parecer nuestro camino esté sembrado de dificultades?

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Sal 10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

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