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viernes, 24 de julio de 2009

La gangrena que arruina vidas


Y su palabra carcomerá como gangrena. Así aconteció con Himeneo y Fileto. 2 Timoteo 2:17.

Cierto día un ganso se paseaba majestuosamente por el patio de una casa, cuando alguien hizo el siguiente comentario: "Ese es un ganso muy decente". Una vieja gallina escuchó la conversación y esa noche se la contó a su esposo.

-Dicen que el ganso es un indecente.

-Siempre pensé eso -respondió el viejo gallo.

Al día siguiente corrió la noticia en todo el gallinero de que el ganso, aparentemente correcto, no era más que un individuo peligroso, un verdadero halcón disfrazado de ganso. Una pequeña gallina recordó que una vez lo había visto, a cierta distancia, hablar con una especie de halcones, en el bosque.

-Sin duda, estaban planeando alguna canallada -sugirió.

Un pato también recordó que cierto día el ganso había dicho que no le gustaba la vida de ganso.

Al día siguiente todos, cargados de piedras y palos buscaron al ganso y casi lo mataron. Aunque todo esto no es más que una fábula, la verdad dolorosa es que con la palabra podemos arruinar muchas vidas.

¿Cómo actúa, ante una calumnia, la persona que quiere ser cada día más semejante a Jesús? ¿Le pregunta a otra persona si es verdad lo que oyó?

Esta es, sin duda, la mejor manera de continuar con la bola de nieve. ¿0 mira fijamente a quien trae el chisme y le dice que no tiene interés en oír hablar de la vida ajena? Eso, sin duda, le dará un aire de "santo" que no armoniza con un cristiano auténtico.

Entonces, ¿qué hace' Siempre da resultado oír en silencio sin hacer comentario alguno, ni querer saber la "verdad" preguntando a otras personas, sino ir a la persona afectada y contarle a ella la situación.

Pero lo que realmente importa es que esa actitud no sea fabricada para que todos crean que somos semejantes a Jesús. Tal acción tiene que brotar de manera natural del corazón, y la persona actuará de este modo sólo en la medida en que viva una experiencia diaria con Cristo y el Espíritu de Dios santifique sus sentimientos y sus palabras.

Himeneo y Fileto, los personajes del texto de hoy, aparecen registrados en ia historia como dos grandes murmuradores. Dios no permita que nuestro nombre aumente esa lista.
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Sal 10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

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