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sábado, 11 de julio de 2009


La paciencia en un mundo como el nuestro es algo prácticamente imposible. Vivimos con prisas, no tenemos paciencia, no sabemos esperar. La consecuencia es que no tenemos tiempo, el tiempo no se puede comprar. Vivimos al límite y los cristianos cada vez más roban al Señor el tiempo mínimo necesario, preciso para nuestra vida espiritual. Muchos cristianos están llenos de escusas ante sus obligaciones con la iglesia.
El pueblo de Dios necesita hacer un alto en el camino y descansar en Cristo. “Cada día trae su propio afán…”

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Sal 10:4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos.

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